El discurso del gobernador Rogelio Frigerio dejó una definición que no podemos minimizar: la primera mitad fue la del orden; la segunda debe ser la del desarrollo. Y eso implica elevar la vara.
Por 20 años consecutivos de gobiernos del PJ, la provincia fue acumulando problemas estructurales que nadie quiso abordar de fondo. Déficit crónico, deuda creciente, obra pública paralizada, un IOSPER desordenado y una Caja previsional al borde del colapso.
La primera etapa de esta gestión estuvo dedicada a desactivar esas bombas de tiempo. Se evitó el default, se cumplió con vencimientos de deuda heredada, se pasó del déficit al equilibrio en el peor contexto de recaudación y, algo fundamental, no se aumentaron impuestos por encima de la inflación.
Eso no es menor. Es un cambio de lógica.
Pero ordenar no alcanza.
Elevar la vara significa que el equilibrio fiscal debe traducirse en crecimiento concreto. Y ya hay señales claras: dejamos de ser la provincia con la tarifa eléctrica más cara del país y mejoramos competitividad; el RINI generó más de 200 millones de dólares en inversiones y casi 2.000 puestos de trabajo; se proyecta un plan de infraestructura superior a 300 millones de dólares que reactiva obra pública paralizada durante años.
La situación económica sigue siendo difícil. El gobernador fue honesto en eso. Pero hoy estamos mejor plantados porque ejecutamos mejor el presupuesto, ahorramos donde antes se expandía el gasto político y recuperamos confianza institucional.
Elevar la vara es no conformarse con haber estabilizado la provincia. Es exigirnos más.
Es entender que 20 años de continuidad política dejaron inercias que no se corrigen en meses, pero que tampoco pueden volver.
La consolidación no es un slogan. Es una decisión política de no retroceder.
Entre Ríos tiene ahora algo que durante años no tuvo: equilibrio, previsibilidad y un rumbo claro.
Y eso es lo que nos permite mirar la segunda mitad con ambición de desarrollo, no solo con preocupación por sobrevivir.







