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EDUCAR EN CUARENTENA

by Editor

La pandemia que está causando estragos en el mundo ha provocado cambios en distintos ámbitos de nuestra cotidianeidad. La educación fue uno de los sectores que tuvo que realizar cambios rápidos dinámicos y esenciales en sus formas de aprendizaje para abordar este tiempo de cuarentena y ver nuevas formas de comunicación y ambientes de trabajo.

Consultado a docentes de todos los niveles, se puede experimentar el esfuerzo que se está realizando para poder, a la distancia, proseguir con los contenidos correspondientes a cada nivel y año, así como también acompañar el proceso educativo que se está produciendo en el hogar. Las nuevas herramientas tecnológicas que habilitan esta nueva posibilidad y los desafíos diarios con los que se encuentran en su individualidad y en su conjunto como educadores sociales.

Los y las docentes han tenido que enfrentar este asilamiento obligatorio aprendiendo y construyendo nuevas vías y formas de enseñanza. Desde las instituciones gubernamentales nacionales y provinciales se han dado diversas herramientas para poner en funcionamiento esta escolarización virtual. Aun así, son los actores propios quienes “ponen el cuerpo” y son autodidactas para el manejo de las páginas y sitios web, videos, enlaces y a su vez se encargan de la atención y asesoramiento para los chicos, chicas y sus familias quienes también enfrentan un nuevo horizonte educativo.

Los y las docentes han creado redes comunicativas que sirven como sostén para el acompañamiento entre pares, y las instituciones han abierto líneas de comunicación directas y constantes con todo su grupo docente.

Plataformas y aulas virtuales, laboratorios, classroom son las diversas formas que se han utilizado en el país para proseguir con el año escolar. Pero las carencias de algunos sectores más vulnerables que en pleno siglo XXI no cuentan con internet o computadoras, hace que el esfuerzo sea aún mayor.

Cuando desde el Ministerio de Educación se envían cuadernillos en formato PDF, la realidad de las escuelas debe adaptarlo a la situación concreta en la cual está inmersa. Muchos ofrecen la posibilidad de fotocopiarlo en algún centro cercano, o docentes se encargan de esa tarea y disponen un día y horario de encuentro para su distribución.

El acompañamiento a las familias para no caer en la desesperación es constante: llamadas y mensajes son los métodos para poder disuadir las infinitas dudas que surgen en los nuevos ámbitos de acción educativa. La no limitación de estos espacios también tiene su faceta negativa al no diferenciar espacios de trabajo y un tiempo excesivo de dedicación a las tareas asignadas. Es necesario tener en cuenta que las situaciones hogareñas exceden lo propiamente educativo y las acciones pedidas no están fuera de ellas. Las familias tanto de los y las estudiantes como las de docentes se encuentran en una incertidumbre sanitaria, pero también económica, psicológica y social.

En cada familia y en cada casa se está aprendiendo por igual sobre estas nuevas formas de educación. Los docentes han demostrado la responsabilidad asumida en su trabajo, dejando todos sus pedidos de mejoras suspendidos ante tamaña situación mundial.  Las familias están participando quizás de una manera mucho más activa de la formación de sus hijas e hijas, comprendiendo en carne propia el trabajo realizado cada día en las instituciones escolares.

Quizás esta situación extraordinaria logre nuevas formas de comunicación, nuevas formas de educación que bien pueden modificar lo establecido en pos de una mejora para la comunidad. Pero por sobre todo, que se creen redes de empatía entre los diferentes roles sociales que asumimos y podamos juntos y juntas lograr salir mejores de ella.


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