El Half Triathlon siguió dominando la escena

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Galíndez lideró ayer un «entrenamiento controlado» y desde Gendarmería y Prefectura cargaron contra Del Castillo, como si fuera el instigador. Tras este nuevo hecho, la ACPC logró más apoyo desde todo el país.

Tremenda es la “letra” que sigue entregando la suspensión del Half Triathlon en Concordia y ayer hubo otra muestra grandísima de ello. Una muy buena cantidad de atletas, convocados por Oscar Galíndez, el número uno de la actividad y un líder como pocos, se propusieron entrenar o hacer lo que denominaron un “entrenamiento controlado” justamente usando el Lago de Salto Grande para hacer un triatlón o “simulacro” de ello sin tiempos ni nada que se le parezca.

Galíndez, ya lo dijimos, lejos de irse de la ciudad decidió quedarse y apoyar a la organización acompañándola en su desazón por no poder hacer algo por lo que había trabajado meses. Y obviamente que además el notable deportista se quedó a defender a su deporte, que es el triatlón. No podemos opinar si el “entrenamiento controlado” fue en actitud de rebeldía por la decisión de las autoridades, porque podríamos errarle fiero. Es muy posible que haya sido para aprovechar el viaje y seguir en el ritmo que desean, como todo deportista.

Lo cierto es que la historia que se vivió ayer fue increíble. La gente de la Asociación Concordiense de Pruebas Combinadas, con Javier Del Castillo a la cabeza, decidió concurrir al Lago a terminar de desmontar toda la tremenda parafernalia preparada para la carrera, porque obviamente ya no había caso y no se hacía. De hecho, citamos ayer que el sábado a la 1.17 de la madrugada emitieron el comunicado cancelando la prueba.

Pero ayer quienes también se acercaron al lugar fueron los agentes de Gendarmería y Prefectura a “poner orden” y hacer que se cumpla la restricción. Pero lo increíble es que fueron directo a Javier Del Castillo, a quien poco menos que acusaron de ser el instigador de ese “entrenamiento controlado” de los deportistas. Y primero hay que decir que ese hecho fue una autoconvocatoria que se hizo, voluntad de quienes quisieran hacerlo. Los deportistas siguieron a un líder natural, como lo es Oscar Galíndez, un “monstruo” del deporte y número uno por lejos de la actividad. Casi el “Messi” del Triatlón, que pretendía tener compañía a la hora de entrenar, de moverse y hacer un triatlón simulado para, insistimos, no perder el viaje porque ya estaban aquí para la trunca carrera.

Por otro lado, y lo más importante, desde que Javier Del Castillo y la ACPC comunicaron la CANCELACIÓN de la prueba, se terminó su responsabilidad. Ya lo que ocurra después obvio que no iba a ser de su incumbencia y en todo caso sí de las autoridades. Las mismas que le pedían a Del Castillo que pare a los deportistas, cuando el citado dirigente no tiene la más mínima autoridad sobre ellos porque es un ciudadano más. Además, estaba clarísimo que no era instigador de nada, porque si se lo conoce a Javier lo que menos es justamente REBELDE, por el contrario es un tipo que siempre caminó por la vereda de la corrección y de la obediencia. Y lo que (no) le dijeron las autoridades el viernes, decidió acatarlo, a pesar de lógica bronca, es decir suspender la prueba.

Y el “no” entre paréntesis debe interpretarse de que esperaba una comunicación de las autoridades locales para dar por sentado que no lo podía hacer, aunque abrigaba una pequeña esperanza de que se la jueguen, que pongan sobre la mesa el protocolo autorizado hacía unos diez días y le den para adelante. Además, tenemos entendido que el Gobernador Gustavo Bordet se enteró tarde del Half y no pudo volver atrás con alguna excepción, y que le habría dejado la potestad al Intendente Alfredo Francolini de decir sí o no. Pero el mandamás local se llamó a silencio y no habló ni antes, ni durante, ni después, siendo su equipo el que autorizó el protocolo para la prueba.

Y en ese sentido digo: el año pasado a esta altura, es cierto que estábamos todos “cagados” por lo que podría pasar con la pandemia, porque nadie, absolutamente nadie, la conocía ni siquiera en su cuarta parte. Pero ha pasado un año, y la medida sigue siendo la misma: escondernos, guardarnos, dejar que el virus ande por la calle y mirarlo por la ventana, si es que usamos la imaginación y lo podemos “ver”. Ahora, en este abril de 2021 existen los protocolos, también una aceptación de que hay circulación comunitaria, como era de esperar. Pero los protocolos son PREVENTIVOS y si se respetan, nada podría pasar. O al menos nada grave como un colapso de miles de personas contagiadas.

Además, me pongo a pensar que la autoridad, tranquilamente, podría decir “te autorizo la carrera con el protocolo de rigor, pero te mando a 10 veedores para que todo se cumpla a rajatabla y de no ocurrir ello la multa será ejemplar”.  “Me parece perfecto, con tal que no me cortes una carrera en la que llevamos meses trabajando para organizarla, porque la queremos hacer bien dado los elogios que año a año cosechamos”, podrían decir desde la organización como respuesta. Además, ya había en Concordia una cantidad notable de participantes que siempre llegan con anticipación, porque son grandes profesionales.

Volviendo al tema de ayer, insistimos en que la organización, la ACPC, no tuvo nada que ver con esa movida “clandestina”, si le queremos poner un nombre. Tampoco podemos decir que se estaba infligiendo una ley o un decreto, porque era un entrenamiento y por allí la circulación no está vedada, y el Decreto no habla de prohibición de juntarse a entrenar y mucho menos al aire libre.

Ojo, no soy anti cuarentena, ni anti vacuna, ni nada, sino que trato de decir que con un poco de sentido común la prueba se hacía, y todos contentos, y con el protocolo y los controles no iba a haber ningún desmadre de la situación, que lógico que entiendo que puede ser complicada, aunque también digo que gracias a las políticas del señor Intendente no estamos, ni estuvimos, nunca tan mal. Y le pongo un voto al pueblo que también supo acatar órdenes y cuidarse, denostando, sí, a quienes se atrevieron a organizar fiestas clandestinas, que son la excepción como la hay en todo pueblo, en toda ciudad y ni hablar en la gran urbe.

Pero vuelvo a decir lo mismo, con un control (llámese veedores) la carrera se hacía. Y lo ocurrido, con opiniones (en su mayoría a favor) que despertó en todo el país, se puede ver la magnitud que tiene esta competencia que, insistimos también con esto, ha rozado siempre la perfección con la organización. Y también insisto con que los Decretos tienen que ver la luz los lunes y no un viernes, cuando la lógica deportiva habla de que los fines de semana son propicios para dicha actividad y hay muchísimas cosas organizadas.

El Mountain Bike perdió por no poder organizar su carrera, el autódromo se vio privado también de hacer el Karting, y otras organizaciones más. Pero permítanme poner por encima al Half, porque lleva meses organizarlo y es un “carrerón” que esperan todos los amantes del triatlón y del deporte en general, porque por caso ven de cerca a un Oscar Galíndez, quien generalmente durante el año compite fuera del país, quizá juntando fuerza y nivel para ganar esta carrera de Concordia, que ya es emblemática.

En definitiva, entendemos la bronca y tristeza de Javier Del Castillo, de los mismos participantes, quienes quedó claro que apoyaron a la organización porque defienden su deporte, como corresponde. Y no nos ponemos tácitamente del lado de nadie, aunque le parezca, sino que queremos poner un poco de luz ante tanta discusión, opinando, claro.

Por: Edgardo Perafán

Fuente: El Sol

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