Los jugadores de la Selección salieron a la cancha anoche todavía impresionados por lo que habían vivido 24 horas antes: el final de la ilusión de Joaquín Panichelli, quien en los momentos finales del entrenamiento en Ezeiza sufrió una grave lesión que no le deja chances de pelear por ir al Mundial.
Es probable que el goleador de la liga francesa igual hubiera quedado afuera, corriendo de atrás a Lautaro, Julián y hasta el Flaco López. Pero estaba esperanzado y entregaba el máximo por su oportunidad.
No es esto una justificación para el mal partido que la Selección hizo contra Mauritania. Sí ayuda a poner en contexto y a entender que, aunque algunos muchachos se están jugando su posibilidad de entrar en los 26, tanto en ellos como en la mayoría de los que ya son una fija funciona el temor a perderse la gran fiesta por una lesión.
Es un grupo que ya vio hacerse añicos el sueño de Juan Foyth y Valentín Carboni, y está viendo cómo pican cerca las balas en otros seleccionados. Brasil ya perdió a Rodrygo y reza esperando los estudios que le harán a Raphinha después del amistoso con Francia; un rato antes del partido de la Selección, en Inglaterra-Uruguay, Phil Foden y Joaquín Piquerez se fueron con las peores sensaciones.
Si Argentina jugaba la Finalissima, seguro no iba a ser el equipo lánguido e inexpresivo que vimos este viernes y habría tomado riesgos y actuado con su fiereza competitiva, con un título en juego y España enfrente. ¿Pero en este test de emergencia con Mauritania?
Los equipos africanos que no son de la élite de ese continente (como sí lo son Marruecos, Senegal, Argelia. Nigeria…) suelen ser bastante brutos, con poco control de su exuberante fuerza física. No fue el caso de Mauritania, un rival noble y limpio. Pero nadie parecía predispuesto a tentar al diablo.
Y así salió un partido que a la Scaloneta nada le deja para enorgullecerse.
Fuente: Olé










