La conflictiva vuelta a clases de Francia

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Desde París

Las condiciones del regreso a clases en Francia han sido controvertidas a lo largo de la crisis provocada por la pandemia. El Ministro francés de Educación Jean Michel Blanquer fue cuestionado de manera permanente por el cuerpo educativo nacional, a tal punto que el pasado 13 de enero la Educación Nacional decretó una huelga debido a las ondulaciones ministeriales. Medidas tomadas sin brújula, directivas cambiantes, protocolos sanitarios erráticos, aulas y colegios poco adaptados a la situación, personal insuficiente y ausencia de material preventivo (máscaras específicas como las FFP2) y una línea ministerial que consistió en repercutir las consecuencias de la crisis sanitaria en los padres y maestros desencadenaron una sólida protesta. 

Los enfrentamientos entre la Educación Nacional y el Ejecutivo fueron numerosos. A finales de diciembre de 2021, profesores y maestros reclamaron que el retorno a las clases después de las fiestas navideñas se aplazara. Sin embargo, el gobierno mantuvo la fecha del 3 de enero pese a las consignas de una “alerta social” lanzada por los maestros. Con el correr de las semanas, los efectos de la variante ómicron se tornaron importantes, sin que ello modificara el enfoque del Ejecutivo. A principios de diciembre, las contaminaciones en las escuelas llegaron a un porcentaje record con más de 33 mil alumnos positivos. La taza de incidencia fue particularmente elevada en los alumnos de edades entre 6 y 12 años, con 750 casos por cada 100 mil. El gobierno explicó el repunte de las contaminaciones debido a que no se podía vacunar a los más jóvenes en quienes el virus no provoca esquemas clínicos graves, pero sí pueden transmitir el virus.

EL conflicto Ejecutivo / Educación Nacional se centró en esa situación: maestros y profesores exigían el cierre de las clases, pero el gobierno las mantenía en actividad. Se conservó la política “presencial” contra viento y marea según una escala de tres niveles que va del verde al rojo y que permite adaptar la situación en los establecimientos en función del impacto del virus. Con todo, los gestos barrera, el uso de máscaras, la higiene permanente y evitar la mezcla de clases y alumnos durante los almuerzos, son criterios que se aplican en toda la escala del verde al rojo tanto para los profesores y maestros como para los alumnos. En este sentido, por el momento, en 2022, el protocolo sanitario no ha variado mucho. Al principio, los test PCR eran permanentes en cuanto se descubría un contagio y en caso de que se detectasen más de tres en una escuela se procedía al cierre de la clase. 

Este esquema cambió en 2022. El nuevo dispositivo sanitario no prevé más el cierre sistemático de las clases cuando hay alumnos positivos. Sin embargo, si se descubre un caso los alumnos deben llevar a cabo test tres veces durante la semana que sigue. El titular de la cartera de Educación también dispuso que a cada familia que realice un test se le entregarán dos auto test gratuitos para que los alumnos los usen en casa. Los padres deben luego certificar por escrito que los test se realizaron y que dieron negativo. Paralelamente a estas disposiciones, los responsables políticos extendieron al campo de la educación la campaña de vacunación para los mayores de 12 años que se aceleró desde el pasado mes de agosto a escala nacional. No obstante, el porcentaje de vacunación es muy bajo entre los muy menores: 3,5 por ciento o 200 mil niños con edades comprendidas entre 5 y 11 años recibieron una dosis. En Italia llega al 28 por ciento, en Alemania al 16 y en España al 57. La cifra es muy superior en Francia en el segmento 12-17 años, con un porcentaje que alcanza el 65 por ciento.

Ello no significa que no se hayan cerrado escuelas y liceos, ni tampoco que las contaminaciones disminuyeron o que esas medidas extrañas colmaran las expectativas del personal de la Educación Nacional. Muy por el contrario. Desde el 3 de enero hasta ahora 25 mil alumnos dieron positivo y 75 mil fueron aislados. Las contaminaciones dieron lugar también el cierre de 10.800 clases sobre un total de 527.000. Los sindicatos, en especial Sud-Education, denunciaron un protocolo que “va a tornar aun más difícil las condiciones de trabajo que ya eran excesivas”.

Los demás países de la Unión Europea han atravesado o atraviesan situaciones similares y desacuerdos entre los gobiernos y el personal educativo. En España, las clases se reanudaron el pasado 10 de enero en todos los niveles, de jardín de infantes a universidades. No se decretaron excepciones, ni clases en el domicilio, ni tele clases o tele exámenes. La opción fue, como en Francia, clases presenciales con los mismos protocolos sanitarios que en 2021. En España, a finales del año pasado, 1,3 por ciento de las clases se mantuvieron confinadas. En Gran Bretaña, la situación es distinta a la de Francia o España. Desde el 20 de enero, los alumnos ingleses tienen el privilegio de poder ir a la escuela sin llevar máscaras. El gobierno del primer ministro Boris Johnson consideró que el virus y la variante ómicron habían llegado “a su máximo pico a escala nacional”. 

Fuente: Página 12

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