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La actividad comercial de quien alquila en tiempos de pandemia.

by Editor

La afectación mundial del virus Covid 19 trajo nuevas problemáticas y desafíos que se sobrellevan de manera improvisada pero urgente.

La reapertura de todas las actividades comerciales (con un gran porcentaje de pymes), no ha solucionado en su totalidad la crisis económica-social que venía atravesando a las sociedad decantada en un suceso mundial extraordinario como es la pandemia de coronavirus afecta, como todo, en su mayor medida a las clases medias y pobres, protagonistas de las economías internas de cada región y de cada país.

Los comerciantes de nuestra localidad asumen, como cada sector, los desafíos y obstáculos propios. El pago de obligaciones como el alquiler, impuestos y sueldos-aun con la gran ayuda estatal que se sostuvo tanto para públicos como privados- se suma a la nueva forma online de realizar compras y ventas, que tiene los pros de cumplir con los cuidados exigibles en crisis sanitaria, elegir desde la comodidad hogareña entre una casi ilimitada oferta y, sin tener -en su mayoría- la primera obligación nombrada.

En la contemporaneidad del sigo XXI, la acción de adquirir de forma temporaria un inmueble, ya sea con fines habitables o de venta, servicios, ha sido mínimo, un dilema social. Naturalizada la idea de su complejidad, se buscan estrategias para llevarse el mejor trago del mismo: dueños directos, requisitos y pedidos económicos dentro de una lógica que acompañe la vivencia diaria de la argentina.

No hay simetría real entre inquilino-dueño, contando siempre con excepciones. Quien tiene un poder mayor, quien tiene “la última palabra” es el locador.

Una comerciante concordienses alquila cuatro locales para desempeñar rubros de entretenimiento y consumo alimenticio no esencial plantea diversas experiencias en este tiempo. Con contratos pertenecientes a la caducada ley de alquileres, algunos dueños le propusieron no cobrar los primeros meses y luego adquirir sólo la mitad de lo establecido; otros fueron haciendo descuentos progresivos según avanzaban las habilitaciones y otros-mediante inmobiliaria- no realizaron modificaciones, ya sea por necesidad o por indiferencia al contexto reinante. Si bien la comerciante explicó que pudieron efectuar los pagos correspondientes y no peligran sus actividades, no todos corren la misma suerte: más aun si son aquellas que todavía no han podido regresar y no se espera en un futuro próximo.

La virtualidad omite esta problemática, y crea otras. Cualquier servicio o transacción de compraventa que sea realizado de forma virtual, online (con anterioridad o forzosamente por la cuarentena) se toma cada vez más como una viable opción continuar con la misma. Los beneficios económicos pueden ser muchos, uno de ellos no tener gastos de alquiler ni de los servicios indispensables para el desarrollo de la actividad, lo cual directa o indirectamente impacta sobre el valor de lo ofrecido. Una competencia perdida para quienes necesiten de la presencialidad para su funcionamiento.

La prórroga para evitar desalojos, el ATP y el congelamiento de tarifas han sido (son) medidas paliativas y de emergencia por parte de un Estado que busca no desencadenar mayores problemáticas, como el cierre de pymes que dejan a una o varias familias sin sustento económico en un contexto hostil.

Y agregar que por más esfuerzo estatal no alcanza. Por eso es imprescindible la solidaria entre y con la comunidad, comprendiendo la ayuda, la colaboración posible de cada uno, de cada parte para poder afrontar lo que se viene. La empatía como perspectiva y el real compromiso para salir de esta situación tan compleja pensando en que nadie quede excluído, en que nadie pierda lo que es evitable si se suman voluntades.


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